Fedora Cabral de Rumland - 7/2009
¿Como vivió Jesús?...
Esta pregunta surgió del instructor en una clase sobre prosperidad, impartida en Florida Central donde vivo.
Los gringos se miraron unos a los otros sin saber qué contestar; yo llevé mi mente hacia atrás y visualicé los pasajes de los discípulos en sus andanzas con el Maestro...
"Sharing" dije tímida y expontaneamente ... Los gringos se volvieron a mirar sorprendidos... ¿Compartiendo?
A ellos les pareció como raro... Yo continué visualizando y agregué...
Esta pregunta surgió del instructor en una clase sobre prosperidad, impartida en Florida Central donde vivo.
Los gringos se miraron unos a los otros sin saber qué contestar; yo llevé mi mente hacia atrás y visualicé los pasajes de los discípulos en sus andanzas con el Maestro...
"Sharing" dije tímida y expontaneamente ... Los gringos se volvieron a mirar sorprendidos... ¿Compartiendo?
A ellos les pareció como raro... Yo continué visualizando y agregué...
La hospitalidad existía y creo sigue existiendo en esas razas y áreas donde se sucedieron estos pasajes de la vida pública del Maestro Jesús.
Cuando empecé a desarrollar el tema muy lentamente según visualizaba, llegaban a mi memoria algunas situaciones que creía recordar como si las hubiera vivido... Sentí cómo pernoctaban en una vivienda y eran recibidos con regocijo, siendo la primera acción al darles posada, el descalzarles y lavarles los pies, mientras alguien en la cocina se disponía a preparar algunos alimentos.
La bendición a estos alimentos, para su multiplicación y satisfacción de los presentes, era de rigor. La sobremesa luego consistía en cuentos de parábolas que el Maestro Jesús ofrecía, seguido de un intercambio de preguntas y respuestas entre comensales y vecinos, los cuales aumentaban en número cuando notaban que habían llegado visitas y más aún si reconocían al Rabí de Galilea.
Las frutas a orillas del camino, dije, eran para los caminantes. Al ver las caras de estos gringos como cuestionándose, les conté: en nuestro vecindario hay hermosos naranjales a lo largo de la carretera, sin embargo, miles de frutos se pierden cada año, porque aunque no tienen barrera que lo impida, nos está prohibido tocarlos, aún estén en la tierra.
Recuerdo, les dije, hace tiempo vivíamos en una casa en Dominicana donde teníamos un frondoso árbol de mango... cada mañana el suelo debajo parecía una gran alfombra amarilla con tonos rosa... Nosotros los recogíamos todos en una canasta grande y la colocábamos luego en la puerta de entrada, para que los transeúntes las tomaran a su antojo.
Me miraron asombrados... hasta que una señora dijo... Si, yo alguna vez vi una canasta así con un letrero diciendo que podíamos coger algunas de las frutas, pero yo jamás me atrevería a hacerlo... esa no es nuestra costumbre.
Así continuó la clase por semanas, para concluir en que esa vida que llevó Jesús es el modelo a seguir, si deseamos prosperidad en nuestras vidas; porque esa acción de dar y recibir es el motor que activa la abundancia en el planeta y por tanto en las vidas de cada uno de nosotros.
Vale mencionar las bendiciones que dejan en nuestro hogar los corazones agradecidos cada vez que a alguien damos posada, conduciendo ese modo de vivir a que con el tiempo en nuestros caminos ocurran algunos llamados "milagros".
* No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. -Hebreos 13:2
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